Daba gracias a Dios por haber logrado oír aquella música que él entreviera, sin duda, en su bella alma de poeta, y exclamaba con ingenuidad de niño, dirigiéndose hacia mí: -“¿No crees tú que yo hubiera llegado, quizá, a concebir música tan bella y tan grande como ésta?”
Font: Felipe Pedrell - Acotaciones a una idea pàg 18